Seguidores

lunes, 14 de enero de 2013

3) El baile de Halloween



Era hora del baile, y todos estaban en el gimnasio -donde se desarrollaba el baile-  o estaban en el patio disfrutando de la noche. Azay se encontraba frente a la fuente, se le veía preocupado y constantemente veía su reloj.

El alivio se reflejó en su expresión en cuanto vio a Lee, quien iba disfrazada de bruja, pero la preocupación volvió cuando se dio cuenta de que estaba sola.

Pasó de largo junto a él, pero rápidamente la tomo del brazo y la obligó a girarse para que pudiera hablar con él.

-¿Has visto a Cady?- preguntó ya bastante preocupado y acelerado, lo cual era raro de ver en un chico como Azay. Lee le restó importancia y le dedicó una sonrisa juguetona.

-No te preocupes, en un momento llega.

Fue lo único que dijo, no sin antes guiñarle un ojo, para después retomar su camino hacia el salón del baile. Tenía ganas de ver la expresión del chico al ver a su amiga, pero no quería hacer un mal tercio o ser descubierta espiando, así que decidió irse al baile y buscar una pareja para divertirse un rato.

Azay volvió a mirar en dirección a la puerta. Fue entonces cuando vio a una misteriosa chica  entrando. Tardo un par de segundos en darse cuenta de que aquella chica era Cady.

-¡Wow! – él dejó escapar una exclamación de sorpresa sin poderle quitar la mirada de encima. Él sabía perfectamente que Cady era muy bonita, pero nunca antes la había visto como en esos momentos:

Cady usaba un largo vestido de color rojo –en su gran variedad de tonos-, tenía mangas de murciélago en un tono rosado  y sus hombros estaban al descubierto, pero lo que más resaltaba de su disfraz eran las hermosas alas de ángel que sobresalían de su espalda, estas estaban abiertas y la hacía parecer a un verdadero ángel. Y junto con ese vestido estaba su rostro , que,  gracias a Lee, estaba maquillado a la perfección -tenía sombra de color rojo, y, aunque no era exagerada, hacia que sus ojos resaltaran de tal manera que tenían un brillo único, sus mejillas tenían un leve tono rosado, y sus labios eran rosas  y brillantes formando una tímida sonrisa. Su cabello, igualmente peinado a la perfección, estaba recogido de un lado dejando algunos mechones enmarcar su rostro, junto con un pequeño broche rojo que hacia juego.

Ella se sentía incomoda, gracias a que todas las personas en el patio la estaban observando, pero sintió cierta tranquilidad al ver a Azay frente a la fuente. Él era alto, y su cabello brillaba de una manera que lo hacía ver mágico, sus ojos rojos brillaban como joyas, todo gracias a la oscuridad de la noche y al místico resplandor de la luna de otoño. Cady se acercó a él rápidamente, pero se sonrojó al notar la forma en la que la contemplaba, como queriéndola devorar completamente con la mirada.  

-Te ves hermosa -. Dijo Azay con una sonrisa.

-Gracias -. Susurro ella mientras mantenía la mirada baja, para evitar que Azay viera el sonrojo en su rostro. -Y tú ¿De qué vienes disfrazado?

Ella se sentía un poco tonta al preguntar eso, porque desde que había entrado al instituto no había visto el disfraz de Azay y, aunque ahora le estaba prestando atención, no lograba saber que era:

Él iba con una camiseta negra y unos jeans oscuros, pero lo que más resaltaban eran unas redondas orejas que se encontraban en su cabeza, y la cola negra que sobresalía por la parte baja de su espalda.

-Soy un “Alma Salvaje” -. Declaro el de manera que parecía algo de lo más común.

-¿Alma Salvaje? -. Preguntó como si lo que escucho no era correcto. Después de todo no era normal oír sobre un “Alma Salvaje” y mucho menos ver a alguien disfrazado de eso.

-Sí, eso mismo.

El chico rubio dijo eso con seguridad, pero al notar la expresión de Cady decidió dar una leve explicación.

-Las Almas Salvajes eran personas que en el pasado se podían transformar en un animal, ya fuera completamente o solo la mitad.

-¡Oh! -exclamó Cady con asombro.- ¿Y tú eres…?

-Yo soy una pantera-. Interrumpió el  antes de que ella terminara su pregunta.

-¡Es impresionante!

Ella le dedicó una sonrisa, y Azay se la devolvió

-Gracias. Entonces entremos.

El chico rubio le ofreció su brazo; Cady dudó un momento, pero después se decidió y engancho su propio brazo en el de Azay.

-Por supuesto.

Ambos caminaron directo al salón. Por los pasillos había gran cantidad de decoraciones, desde las paredes con imágenes que cambiaban de ambiente a lugares desolados y terroríficos., hasta hologramas de fantasmas, brujas y muertos que parecían caminar junto a ellos

Cuando  llegaron a la entrada del salón empezaron a oír la música y el barullo en el interior. Azay le abrió la puerta, y ella entró seguida por él. Todas las miradas volvieron a fijarse en Cady, gracias a su disfraz. Todos opinaban que ella se veía hermosa, y también diferente –debido a su maquillaje y peinado- por lo que algunas personas ni siquiera la reconocieron.

Azay y Cady se dirigieron a una de las mesas, la cual tenía un mantel negro y en el centro unas flores negras y violetas y, por encima de esta, estaba algo parecido a una estrella violeta brillando.

Azay movió una silla para que ella se sentara  y al sentarse, él se percató de una marca que traía en el cuello.

-¿Qué es eso? ¿Un tatuaje? –preguntó con curiosidad mientras  tomaba  asiento en la silla junto a ella.

-¿Qué? –Ella recordó entonces que, gracias al peinado recogido por parte de Lee, se lograba admirar su marca de nacimiento: Una extraña marca con la silueta de un fénix en pleno vuelo-. ¿Esto? –Señala su nuca -. Es una marca de nacimiento, es algo extraño ¿No lo crees?, ya sabes, por  la forma que tiene.

Azay solo asintió, el seguía mirando al cuello de Cady, pero rápidamente aparto la mirada, para fijarse una vez más en sus ojos.

-¿Quieres que te traiga algo de beber o comer?

-Una soda estaría bien. Gracias.

Azay asintió y se levantó, se movió rápidamente entre la gente hasta llegar  a la mesa llena de comida y dulces.

Cady se puso a observar a su alrededor y vio a su amiga Arlett a unas cuantas mesas saludándola, estaba junto con un chico alto y moreno que Cady no conocía, pero Arlett estaba muy cómoda con él, o al menos eso parecía.

Cady regreso a sus pensamientos. Se sentía  muy afortunada  por haber tenido la oportunidad ir al baile con Azay, por poder disfrutar de su cumpleaños con el chico que le gustaba más que nadie, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por la llegada de Azay con un plato lleno de pastelillos acomodados a manera de pastel con una pequeña vela encendida en la punta.

Cady quedó sorprendida al verlo, no podía articular palabra alguna, principalmente por la sorpresa y la emoción. Quería decir muchas cosas a la vez, tal vez un <<Gracias>> o un <<¡Es hermoso>> o <<Que gran detalle de tu parte>>, pero lo único que salió de su boca fue un <<¿Qué es esto>> con una voz cargada de emoción y alegría.

Azay la miraba fijamente mientras sonreía, y a ella le pareció notar un poco de deseo en sus ojos, pero no supo exactamente por qué.

-Es tu cumpleaños Cady, y quiero que sea el mejor día de tu vida, no lo quiero arruinar, y aún quedan otras sorpresas, así que no te preocupes y comamos un poco.

Cady se levantó de la silla y lo abrazó, mientras le susurraba al oído con una voz dulce y sincera.

-Gracias.

Ella lo decía en serio, pues al ser huérfana, su cumpleaños era como cualquier otro día, sin obsequios, fiestas, sorpresas o abrazos solo felicitaciones por aparte de algunas personas, a veces ni siquiera eso.

Ambos volvieron a sentarse y comieron el improvisado pastel hecho por Azay, mientras mantenían una alegre conversación.

Después de un rato acabaron de comer, y Azay empezó a mirar fijamente a Cady, quién, al percatarse de esto, se sonrojó.

-¿Qué pasa? –logró a penas preguntar, ya que las palabras se atoraban en su garganta, dificultándole el habla.

El ambiente se había sentido muy alegre, por parte de la música, esta era muy movida y te hacía sentir como si estuvieras en otro mundo, pero justo en ese momento la música tuvo una cambio repentino, a un estilo más lento y romántico.

Azay se levantó de su silla, sin dejar de mirarla.

-¿Quieres bailar? –ofreció el, mientras le tendía una mano.

Cady dudó por un instante, después sonrió, le tomó la mano y se levantó. Azay la guio hasta el centro de la pista  y se quedaron ahí parados.

-Es que… -Cady estaba incomoda y avergonzada respecto a lo que estaba a punto de decir –Es que no sé bailar.

-No te preocupes. Yo te enseñare.

Azay ayudó a Cady a tomar la posición correcta. Ella sintió un escalofrió recorrer todo su cuerpo al sentir la mano de Azay en su cintura, pero se logró calmar, y en cuanto a ambos estuvieron listos, comenzaron a bailar. Pronto se extendió un silencio incomodo entre ambos, y Cady sentía aún más nervios al darse cuenta que todas las miradas se fijaban en ellos por tercera vez en la noche. Cady se percató de que se volvía a sonrojar y empezaba a bailar con torpeza, así que decidió comenzar a hablar otra vez, y restarle importancia al asunto.

-A sí que… ¿Te gusta leer? –Cady se sintió estúpida preguntado eso, tenía otros cientos de temas de los cuales preguntar y eso fue lo primero que salió de su boca, pero, para sorpresa de Cady, Azay no parecía extrañado sino emocionado.

-¡Sí!, me encanta la lectura, siempre me ha gustado, llevo más de 7 años buscando libros que sean de mi interés y leyéndolos, son de escritores muy famosos y respetados e incluso, aunque no lo sean. Si son de mi interés los leo… -El continuó hablando, pero Cady ya no le prestaba mucha atención, ella estaba sorprendida por como a una persona le puede emocionar  tanto algo y, después de unos momentos,  comenzó a irritarse  porque su pareja no paraba de hablar.-… pero ¿Por qué preguntas?

-¡Oh! Este…-Cady no le podía decir que por su incomodidad, así que le dijo-… porqué me dio curiosidad, también me gusta leer, así que se me ocurrió preguntarte.

Justo en aquel momento ella se percató de que la canción que bailaban era aún más lenta que la anterior y,  por la falta de atención, ahora se encontraban aún más juntos. Azay le daba vueltas y después la volvía sujetar y bailaban al compás de la música. Pero  después de dar una vuelta, pudo observar que eran los únicos en la pista, y el resto de los estudiantes estaban reunidos alrededor. Observándolos.

A Azay no parecía importarle o incomodarle el ser observado por casi todo el instituto; en cambio,  a Cady le mataban lo nervios, e hizo su mayor esfuerzo por seguir concentrada en el baile. Finalmente terminó la canción, todos comenzaron a aplaudir mientras  ellos se retiraban de la pista,  la cual había cambiado nuevamente de ambiente,  de un elegante  salón a un cementerio.

Una gran multitud los rodeo y los siguió hasta su mesa, donde se volvieron a dispersar.

Azay volteó a ver hacia todos lados, asegurándose de que nadie los viera, luego tomo a Cady de la mano y la dirigió hacia una puerta, la cual se confundía con las paredes ya que tenía la misma temática del cementerio. Él se volvió a asegurar de que nadie los viera, luego abrió la puerta, ambos entraron y cerraron la puerta tras ellos.

Del otro lado había un elevador con apenas espacio suficiente para dos personas. Entraron en el elevador y dentro de éste, había varios botones que te dirigían a diferentes lugares del instituto.  Azay apretó un botón para dirigirse al invernadero del Instituto.

Durante el trayecto, ambos se mantuvieron en silencio. Finalmente llegaron a su destino, y  al abrirse las puertas del elevador,  vieron un hermoso jardín lleno de flores y árboles mientras que arriba de este jardín se encontraba una enorme luna brillante.

Cady salió prácticamente corriendo del elevador para acercarse a la orilla de la azotea, observando por unos momentos la ciudad, que durante la noche estaba rodeada de luces multicolores. Era hermoso. En el orfanato no podía ver gran cosa, porque enfrente de su ventana estaba un enorme edificio, y solo podía ver las luces del amanecer o el atardecer.
 De repente, sintió que Azay la rodeaba con sus brazos por detrás; ella se giró para verlo a la cara y vio sus  enormes ojos rojos penetrantes y posesivos.

De repente él se acercó más a su rostro mientras  tomaba su mejilla con delicadeza y ternura.

Empezaron a acercarse lentamente, sus labios se rosándose levemente, para después acercarse más y fundirse en un beso, el cual Cady le devolvió, aferrándose a él con fuerza.
Después de unos momentos se separaron por falta de aire. Al parecer, ambos habían olvidado que debían de respirar.

Cady inmediatamente  bajo la cabeza con su cara sonrojada y se vio reflejada en  un charco de agua, sus labios hinchados a causa del beso, y, por un momento, creyó ver sus ojos de un violeta brillante. Parpadeo rápidamente, repitiéndose que  solo fue una ilusión, porque sus ojos eran verdes nuevamente. Azay extendió su mano hasta su barbilla y levantó su rostro lentamente. Ambos estaban demasiado cerca, y Cady no podía despegar la mirada de sus labios.

-Te dije que sería el mejor día de tu vida.

Y nuevamente la besó