Seguidores

viernes, 22 de febrero de 2013

5) Lancelot




-Bienvenido, Lance- dijo el profesor

-Bienvenido Lance-  dijeron a coro todos en el salón, a excepción de Cady, que seguía en shock.

-Gracias- respondió Lance, con actitud indiferente

-Puedes tomar asiento…- el profesor recorrió el salón con la mirada, buscando algún lugar vacío, deteniéndose en el único disponible hasta el momento, que era el que estaba en el pupitre compartido de Cady-…ahí- el profesor le indicó con la mano el lugar. Junto a la señorita Hoffman. ¿De acuerdo?
Lance asintió y se dirigió al lugar que el profesor le había indicado.
Cady, por su parte, estaba sumida en sus pensamientos. En cuanto su maestro había dicho que Lance se sentaría junto a ella, desvió rápidamente la mirada, fingiendo estar realmente concentrada en su trabajo de matemáticas. Pudo sentir el calor del chico cuando se sentó junto a ella. El profesor continuó dando su clase, y Cady continuó con la mirada fija en su cuaderno, hasta que sintió el peso de una mirada. Un escalofrío recorrió su cuerpo, giró la cabeza lentamente, dispuesta a encontrar la persona que la miraba...y lo encontró.
En cuanto alzó la cabeza, encontró los ojos grises de Lance fijos en ella. Sostuvo su mirada durante unos minutos, pero después, ella se sintió incomoda y decidió hacer lo que siempre hacía en situaciones como esa: iniciar una conversación.
-Hola.
En lugar de responder, Lance solamente le dedicó un movimiento de cabeza a modo de saludo.

-¿Qué tal?- insistió Cady
Nuevamente no respondió, sólo le dedicó una sonrisa. Una sonrisa realmente familiar, cargada de ironía y burla. Una sonrisa nada amable. Y sus ojos. Esos bellos, fríos y grises ojos, igual de familiares. Los ojos del mismo chico de sus sueños. Un extraño chico mencionando algo sobre un “Fénix Azul”.
Pero no.
Eso era imposible.
Él no podía ser aquel chico. No había razón alguna para decirle algo como eso…¿O sí?
Entonces Lance desvió la mirada a su cuadernillo electrónico y comenzó a escribir; mientras escribía, Cady comenzó a observar la forma en la que iba vestido: Iba completamente de negro –pantalón, botas de diseñador, chaqueta de cuero y una cadena igualmente negra alrededor del su cuello, sin poderla distinguir bien debido a la chaqueta-. Bajo la mirada hasta sus manos, las cuales escribían demasiado rápido, pero no eran las mismas fórmulas y números que aparecían en los cuadernillos de cada estudiante. Eran palabras. Él estaba escribiendo una nota.
El veloz movimiento de sus manos al escribir provocó que la manga de la chaqueta se deslizara un poco bajo su muñeca y dejara al descubierto una pequeña parte de una marca o tatuaje. Por lo que Cady alcanzó a ver, era un ave, o mejor dicho, la silueta de un ave que parecía estar posada sobre una rama.
-Umm…¿Qué es eso?- preguntó Cady, haciendo un tercer intento por entablar una conversación, pero  a la vez, intrigada por saber si lo que veía era realmente un tatuaje o una marca, decidiéndose por la segunda, ya que tenía el mismo tono marrón que la suya.
El siguió su mirada hasta darse cuenta de que lo que Cady observaba era su muñeca. Con un rápido movimiento subió la manga de su chaqueta a su lugar, para después volver a mirarla con la misma sonrisa burlona estampada en su cara. En ese momento, Cady explotó, visiblemente molesta por el hecho de no recibir respuesta alguna. Abrió la boca, dispuesta a protestar, con las palabras a punto de salir de sus labios cuando tocaron la campanilla escolar. Lance hizo un movimiento rápido en el cuadernillo, enviando la nota que había estado escribiendo a alguna otra persona dentro del salón, para después meter el aparato en su mochila y caminar en dirección a la puerta, mezclándose con la multitud de alumnos que pasaba por el pasillo cambiando de clase o dirigiéndose a su descanso. Tardó un momento en reaccionar, y, haciendo caso omiso al sonido que emitió su cuadernillo, metió sus cosas a su bolso y salió disparada en dirección a la puerta.
-Arcadia, espera un momento. Tengo que hablar contigo
En cuanto escucho la voz de su profesor, Cady se detuvo en seco, dudosa entre salir al pasillo corriendo o volver con el profesor. Optó nuevamente por su segunda opción y se dirigió al escritorio.
-Señorita Hoffman, el director me ha dicho que Lance, su nuevo compañero de clase, no tiene muy buenas notas en algunas de las asignaturas más importantes de todo el instituto, y me pidió que le buscara un tutor- el profesor se quedó en silencio un momento como esperando una respuesta por parte de Cady. Pero ella sólo estaba pensando en que eso acabara lo más rápido posible para así poder salir en busca de Lance y protestarle por su forma de actuar. Cuando no dijo nada, el profesor continuó- Me estaba preguntando si usted, quien es la alumna más destacada del instituto, podría ser la tutora de Lance. Él tiene problemas con las mismas asignaturas que usted tiene, y esperaba que le pudiera ayudar ¿Está de acuerdo con eso? ¿Podría ser su tutora?

-Por supuesto, profesor- respondió Cady automáticamente, sin detenerse a pensar  en las consecuencias que aquello podría tener.

-Muchas gracias, ya puede retirarse

-Gracias
Cady salió corriendo directamente hacia la puerta y se detuvo a mitad del pasillo. Buscó a Lance entre la multitud, que aún seguía arremolinándose por los pasillos, pero sin mucho éxito. Considerando lo rápido que se movía y, además, la pérdida de tiempo que causó su conversación con el profesor, imaginó que podría estar en cualquier parte del instituto.
Dándose por vencida,  camino en dirección a su casillero por entre la multitud, la cual ya se estaba dispersando, y para cuando llegó a su destino, ya no había nadie.
Pulsó rápidamente el código de su casillero. La puerta se deslizó y ella metió su libro electrónico en un compartimento. Pulsando otro botón, sobresalió un pequeño perchero de una pared del casillero y colgó ahí su bolso, a la vez que extraía una pequeña ficha virtual que le servía para poder recoger sus alimentos.
Acababa de iniciar Diciembre, por lo cual ya no se encontraba el panorama de Halloween en las paredes, pero tampoco parecía tener un panorama navideño. Probablemente aún estaban diseñándolo, y, en su lugar, estaba colocado un “efecto espejo” sobre las paredes, contrastándolo con el suelo, que ahora era únicamente transparente, lo que le permitía ver una pequeña parte de la ciudad que se encontraba por debajo del instituto.
Cady se giró para quedar de frente a una pared junto a su casillero y empezó a ver su reflejo, asegurándose de que su cabello, ropa y brillo labial –el cuál le había regalado Lee esa mañana por “cuestiones obvias”- estuvieran en orden. Fue entonces cuando, mientras revisaba su reflejo por segunda vez, vio como un destello plateado pasaba rápidamente frente a la ventana. Era algo largo, muy largo… y brillante.
Instantáneamente, como por acto reflejo, Cady corrió hacia la ventana, pero cuando llegó ahí, ya no había nada. Se fue acercando más y asomó la cabeza por ella, atravesando el delgado cristal –también holográfico- que cubría la ventana, pero seguía sin haber rastro de aquel extraño objeto plateado. No parecía ningún coche o motocicleta voladores que hubiera visto hasta ese momento. Tampoco una Nave o algún juguete nuevo para niños que estuviera siendo puesto a prueba.
No. Nunca sería algo parecido. Sentía una extraña relación con aquel objeto, algún recuerdo de ella, pero, a pesar de sus esfuerzos, no pudo recordar.
Retrocedió lentamente, cuando alguien le tocó el hombro y ella volteo rápidamente, ya que seguía estando algo aturdida, pero encontró a Azay de pie a su lado, dedicándole una sonrisa tranquilizadora. Al parecer, él se percató de la expresión que se había plasmado en el rostro de Cady
-Lo siento si te asusté- de disculpo Azay- ¿Nos vamos ya?

 -C-claro- Respondió Cady, aún asombrada, y con su mente llenándose de más preguntas. ¿Cómo era posible que no hubiera visto a Azay por el espejo cuando cualquier pared pudo haberlo mostrado y advertirle de su presencia? ¿Y que fue aquella cosa plateada?

-Ok- Azay tomó la mano de Cady, entrelazando sus dedos con los de ella mientras la encaminaba hacia la cafetería.
La cafetería era un lugar grande, con varios pisos de altura, un escenario en medio –lo usaban para dar avisos muy importantes-, con máquinas expendedoras de comida –deslizas tu ficha por una ranura y te entregaba tu comida automáticamente, de acuerdo con tu peso y sangre- y gran cantidad de mesas en las que podías sentarte a comer con quien desearas, donde había incluso lugares para apoyar tus cuadernillos electrónicos.
Ambos se dirigieron a un expendedor de comida, deslizaron sus fichas en el identificador holográfico y les entregaron sus respectivos alimentos, para después dirigirse a una mesa donde se encontraba Lee, haciéndoles señas para que la acompañaran.
-¡Hola!- le dirigió una sonrisa pícara a Cady.

-Hola- respondieron a la vez Cady y Azay

-Últimamente los he visto M.U.Y juntitos ¿eh?- dijo, con una chispa de diversión en sus brillantes ojos azules, alargando penosamente la palabra “muy”
Cady le lanzó a Azay una mirada suplicante, queriendo decir que respondiera por ambos. Azay asintió y ella volvió a ver su comida y jugueteó con ella.
-Supongo que es oficial- le dijo Azay a Lee
Cady seguía dándole vueltas a todo aquel asunto de Lance, que era el mismo chico al que había visto el día del Baile de Halloween. El día que había besado por primera vez a Azay. El día de su cumpleaños. Además, aquel destello plateado que había visto pasar por la ventana era aún más extraño. Nunca había visto algo como eso.
Y, finalmente, la extraña aparición de Azay después de haber visto el misterioso destello plateado, ¿cómo no lo pudo ver a pesar de todos los espejos en la pared?
¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Se estaría volviendo loca de verdad?
-Umm… ¿Cady?- Lee sonaba preocupada, Cady lo supo al instante, porque la conocía de muchos años. Levanto la cara lentamente, encontrándose con Lee y Azay mirándola fijamente, para darse cuenta de que seguramente le había hecho alguna pregunta, y que estaban esperando su respuesta.

-¿Qué?

-Te acabo de preguntar qué es lo que te pasa- dijo Lee, ahora molesta- No has comido nada, simplemente has estado jugando con tu comida – lo cual es extraño porque siempre eres la primera en terminar tu comida- , y después te pregunto algo y tú ni siquiera te das cuenta de ello… Arcadia Hoffman ¿qué es lo que te ocurre?
Lee nunca le hablaba a Cady por su nombre completo, solo en casos en los que está realmente enojada o preocupada. Vaciló unos instantes- Umm… No tengo hambre- Sabía que era una respuesta estúpida, pero no se le ocurrió nada mejor. Con su mente inundada de preguntas era imposible pensar en algo coherente.
-Ok- Cady sabía que no había convencido a Lee ni un poquito, sabiendo que tendría serios problemas después de recibir la mirada “Hablaremos Luego” que Lee usaba en raros momentos.
Cady comenzaba a protestar cuando alguien la llamo por detrás.
-¡Señorita Hoffman!- los tres giraron la cabeza para encontrarse con el director, que estaba de pie detrás de Cady, y, para su mala suerte, acompañado de Lance.- Señorita Wolff, señor Evans. Buenos días.-

-Buenos días señor- respondieron ambos
El director les dedicó un leve movimiento de cabeza, para después volver a centrar su atención en Cady
-Señorita Hoffman, creo que ya conoce a nuestro nuevo alumno, el señor Connor- señaló a Lance

-Sí, señor- respondió, tratando de no voltear a ver a Lance

-Bien, como verá, necesito a alguien que le pueda dar un recorrido por el instituto, y he llegado a la conclusión de que usted es la persona más indicad para esto. Si usted acepta, necesito que le dé el recorrido hoy mismo
-Por supuesto señor

-Bien,- giró nuevamente para mirar a Lance- Señor Connor, la señorita Hoffman le dará el recorrido por el instituto- miró nuevamente a Cady- Lo dejo en sus manos. Y dicho esto, se fue.
Lance se quedó de pie junto a la mesa, esperando, mientras Lee y Azay aún miraban a Cady fijamente. Antes de que le siguieran protestando por su falta de atención, se levantó de la mesa.
–Bien chicos, supongo que comenzaré con el recorrido. El instituto es muy grande, y planeo acabar hoy.- Comenzó a alejarse, haciéndole señas a Lance para que la siguiera.

- ¡Pero no has comid….!- Lee no alcanzó a terminar la frase.
Cady y Lance ya habían salido de la cafetería

                                      *    *    *
-…Y ésta es la biblioteca.- La biblioteca era la última parada del recorrido por el instituto. La única que estaba hablando era Cady, pero solamente para indicarle los lugares que habían estado recorriendo desde hacía más de tres horas. Lance solo asentía y la seguía por todo el instituto, lo cual ya la había fastidiado.- Bueno, este es el final del recorrido.
Dispuesta a alejarse lo más posible de él, Cady dio media vuelta, pero tropezó con algo, estando a punto de caer. Con un rápido movimiento, Lance la atrapó entre sus brazos tan solo un instante antes de caer de bruces contra el suelo. Parecía que él ya estaba acostumbrado a hacer eso, pero no podía asegurar nada.
Se sentía segura entre sus brazos, pero a la vez, incómoda por que fuera Lance, sabiendo perfectamente que ella estaba con Azay.
Alzó la mirada, queriendo agradecer a Lance, encontrándose con aquellos ojos grises, sólo que ahora no eran fríos e indiferentes, sino que eran cálidos, tiernos y con un destello de…de… ¿amor?
Se vio reflejada en ellos, como espejos, observando cómo poco a poco se tornaban violetas. Lanzó un grito ahogado. Empezó a sentirse débil, sus párpados le pesaban y apenas podía percibir lo que la rodeaba. Poco a poco cerró sus ojos, a la vez que sentía al suelo desaparecer bajo sus pies. Sintió que caía, y cuando abrió los ojos de nuevo, ya no estaba en el instituto.
Estaba en un enorme patio lleno de adoquines. Observó lo que la rodeaba: No había flores, la hierba estaba seca y los árboles desnudos y retorcidos. El lugar estaba rodeado por una enorme barda y, en medio de ésta, había una enorme y antigua puerta de madera.
Lentamente dio la vuelta, y pudo contemplar el enorme castillo que se alzaba frente a sus ojos. Era antiguo, de un estilo gótico, con grabados y estatuas en todo su alrededor, con un  parecido a una flor o un trébol de cuatro hojas –sólo el contorno-. Se acercó sigilosamente, comprobando que lo que creía que eran flores o tréboles eran algo muy distinto a lo que pensaba. Y más tenebroso.
Eran Ouroboros, extrañas criaturas míticas que se representaban como serpientes comiéndose su propia cola.
Ouroboros.
Pero… ¿Cómo podía saber el nombre y significado de aquellas horribles criaturas si nunca las había visto?
<<Realmente me estoy volviendo loca>> pensó
Entonces oyó algo. El crujido de las hojas secas sobre la hierba. Y los pasos de alguien… alejándose. Volteo nuevamente, alerta a lo que pudiera ocurrir, para encontrarse con un chico de espaldas a ella. Al principio creyó que era Lance, como en sueños anteriores. Pero ese chico no era Lance.
Su cabello no era castaño, era rubio. Rubio cenizo. Le parecía familiar, pero no podía ver su rostro. El chico estaba usando una gabardina roja con un cinturón dorado bordado con lo que, a juzgar por su forma, también eran Ouroboros.
-¿Hola?- Cady le habló, pero el chico no volteo ni le respondió- ¡Hey!- Nada- ¡¡HEY!!
Empezó a acercarse, pero con cada paso que daba, el chico se alejaba más, sin necesidad de dar al menos un paso.
-¡¡Hey!!- dijo por cuarta vez, y echó a correr. Fue un intento en vano, porque a pesar de todo, el chico, el jardín muerto, el castillo…todo se alejaba cada vez más y más.
Entonces tropezó y volvió a sumirse en la oscuridad.

Parpadeó varias veces, enfocando lo que la rodeaba, para ver que seguía en el Instituto. Había vuelto. Levantó la cabeza para darse cuenta de que seguía en brazos de Lance, quién la seguía mirando fijamente –ahora preocupado-. Nuevamente busco su reflejo dentro de los ojos de él, sintiéndose un poco aliviada al ver que sus ojos volvieron a ser verdes. No violetas.
- Cady… ¿estás bien?- era la primera vez que Lance le dirigía la palabra, y por la forma en que lo dijo, Cady se dio cuenta de que realmente estaba preocupado- ¿Cady?-insistió, al tiempo que la ayudaba a ponerse en pie.

-Sí…s-sí, estoy b-bien- Estaba confundida e incómoda, todavía no podía pensar con claridad, estaba temblando y, por si fuera poco, no paraba de tartamudear- C-creo que… que…-

-¿Sí?

-Creo que no me….no me siento bien

-Yo tampoco lo creo, acabas de desmayarte

-S-sí… creo que será mejor que… que me vaya- dijo, antes de echar a correr lejos de él, sin mucho éxito, debido a que seguía algo aturdida. Pudo escuchar los pasos de Lance corriendo tras ella. Rápidamente, pasó por su casillero, recogió su bolso, su cuadernillo electrónico y mandó un mensaje avisando a la secretaria que se iba a ir.

-¡Cady!- Lance la alcanzó en la puerta, tomándola del brazo, evitando que cayera nuevamente –seguía temblando y tropezando-. Cady se soltó de su agarre corrió fuera del Instituto. Lance seguía gritando, pero ella ya no lo escuchaba

-Cady…- pero ella ya se había ido.

viernes, 1 de febrero de 2013

4) El primer sueño



Continuaron en el invernadero un rato más, pero después de unos momentos, ambos bajaron una vez más al baile. 

Se quedaron mirando fijamente mientras él tomaba su mano y entrelazaba sus dedos con los de Cady. En cuanto salieron por la puerta oculta en la pared,  se dieron cuenta de que Lee –la única que se percató de que habían vuelto al baile- los estaba observando, y les dedico una sonrisa burlona. Cady supo instantáneamente que iba dirigida a ella, y provocó que se sonrojara aún más, si es que eso era posible.

Eran ya las doce de la noche, justo la hora de elegir los reyes del baile de Halloween, era extraño la escuela de Cady aún conservaba la tradición de elegir a los reyes de un baile,  eso ya no era común en las escuelas de Miracle.

Todos se agruparon cerca de un escenario que se estaba elevando en el centro de la pista de baile,  mientras que del techo salían dos enormes pantallas y , bajo estas, había dos enormes tronos de un estilo realmente antiguo. En ese momento, el director  Fairmake -un hombre regordete que solía usar trajes de oficina grises, de tez clara, ojos castaños y cabello canoso-  salió justo del centro del escenario, y junto a él,  estaba una alumna disfrazada de princesa – al parecer la reina anterior- cargando un almohadón de terciopelo rojo que acunaba dos coronas doradas.

El director se acomodó y, aclarándose la garganta, dijo .-Después de haber contado todos los votos hemos elegido a los Reyes del Gran Baile de Halloween.

Todos en el salón se quedaron en completo silencio , a excepción de los murmullos que venían de los extremos del escenario, murmullos que pertenecían a los que apostaban por quién ganaría el título ese año.

En ese momento, las pantallas que habían aparecido sobre los tronos  se iluminaron, mostrando rápidamente la foto de los estudiantes del instituto  que habían sido nominados  con sus respectivos disfraces, además del seudónimo que se les había otorgado por la forma en la que iban vestidos. Poco a poco, las imágenes empezaron a disminuir la velocidad hasta que, finalmente, quedaron las imágenes de los Reyes.

-Los ganadores son… - revisó su tablero electrónico en donde también se mostraban las fotos.-  ¡¡¡ el Ángel Rojo y el Enmascarado!!!- Exclamó el director con euforia.

Todas las miradas se fijaron en Cady por cuarta vez en toda la noche  -personalmente, Cady pensaba que era demasiada atención por una noche-  y automáticamente le abrieron paso hasta el centro de la pista, donde se encontraba el escenario y los tronos.

Ella aún estaba en shock, no esperaba ser siquiera nominada y mucho menos ser la ganadora. Dudo un poco, sin saber si acercarse o no al escenario, finalmente decidiendo hacerlo para acabar con ello lo más pronto posible. Se empezó a acercar al escenario, no sin antes ver una vez más a Azay, quien en ese momento había apretado más la mano de Cady, en señal de que no quería dejarla ir. Pero tuvo que soltar su mano – a regañadientes- cuando Cady le dedicó una sonrisa diciéndole que no se preocupara.

Al llegar al escenario, notó que el chico enmascarado ya estaba ahí. Era alto, casi medio cabeza más alto que ella -considerando que ella llevaba tacones de 15 cms.-  su cabello le caía alrededor del cuello y le tapaba casi toda la frente, lo tenía alborotado, pero aun así se veía bien y su traje era básicamente ese antifaz que tenía el diseño de un ave de color gris con adornos en plateado, evitando así que ella lo pudiera reconocer. Su ropa solo consistía en un elegante traje de olor negro, contrastando a la perfección con el antifaz.

-Un disfraz muy raro y sencillo ¿ cómo pudo haber ganado como rey?- pensó Cady.

En ese momento los reyes de año anterior se les acercaron y los coronaron, mientras ellos se sentaban en los tronos del escenario. En cuanto terminaron de coronarlos se escuchó la gran ovación de todos  como si estuvieran en un concierto.

Cady ahí se sentía en un mundo diferente al que ella conocía, en el cual deseaba pasar desapercibida. Ella podía ser ruda y muy hermosa, incluso había tenido muchas invitaciones de citas, a las cuales solo decía que no, porque deseaba no llamar la atención. Comenzó a pasear la mirada por la multitud que ahora se encontraba frente a ella,  hasta que encontró a Arlett sonriéndole y animándola. No tardó en darse cuenta de que fue Lee quien debió haberla nominado como Reina. Por otra parte, también alcanzo a ver a Azay aplaudir con desganas y una mirada de profundo odio al chico junto a ella.

Ella se sentía culpable por Azay. Él era el chico con quien ella había llegado al baile, el chico con  quien había dado su primer beso y ahora al primer chico que estaba dejando plantado.

-Y ahora –dijo el director, interrumpiendo el barullo y la ensoñación de Cady. – Es hora del Baile Real.

Una vez más todos comenzaron a aplaudir y a despejar la pista de baile que una vez más fue iluminada con una hermosa luz dorada. El escenario comenzó a descender, desapareciendo en la pista y depositándoles justo en el centro.

Cady miro a su lado y noto que el chico ya estaba de pie ofreciéndole su mano. Era la segunda vez que alguien hacía eso esa noche, y tal como en la primera vez, dudo un poco pero esta vez con mayor razón, ya que el chico frente a ella era un completo desconocido. Ella se decidió y tomo su mano, él la levanto del trono y la dirigió al centro de la pista de baile. En cuanto se levantó, los tronos también desaparecieron en el escenario.

Ambos se colocaron en la posición correcta para bailar, y Cady agradeció en silencio que Azay le enseñara a bailar. En ese instante una música de vals, que era un género realmente antiguo, comenzó a sonar y el empezó  a moverla al compás de la música.

El chico era realmente bueno bailando; Cady tuvo que admitirlo, incluso tal vez mejor que Azay, aunque mucho más decisivo y rudo que Azay al moverla alrededor de la pista.

Ella levantó  la mirada y ambos se quedaron mirando fijamente mientras bailaban.

Su tez era clara, y su mirada era profunda de un color gris intenso. Ella quedó encantada con sus ojos, que reflejaban sabiduría…….y cansancio.

Ambos se quedaron en silencio, hasta el punto que Cady se sintió tan incómoda que aplicó nuevamente la idea de comenzar con una común conversación.

-Así que… ¿Cómo te llamas? No te había visto por aquí antes ¿Eres nuevo? –preguntó un poco avergonzada. El chico solo la miro y mostró una leve sonrisa.- O tal vez te conozco, pero llevas el antifaz, así que no puedo estar segura.

De nuevo le devolvió la sonrisa sin embargo siguió guardando silencio. Ella ya se estaba empezando a cansar de la falta de respuestas del chico.

- ¿Por qué no me respondes?

El empezó a darle vueltas, sin importar que las alas del disfraz de Cady estorbaran un poco y la canción terminó. El chico la soltó y salió caminando de prisa para mezclarse entre la gente. Cady estaba a punto de ir a seguirle cundo alguien la tomó por el brazo, ella volteo y vio a Azay tomándola del brazo. Él estaba visiblemente aliviado por el hecho de que el chico enmascarado se hubiera ido.

-¿Nos vamos ya? –preguntó,  considerablemente frustrado y cansado.

Cady observó por última vez en la dirección donde el chico  había desparecido, para después  volver a centrar su atención en Azay y dedicándole una sonrisa.

-Por supuesto.

Cady corrió  hacia Lee para avisarle que se iba con Azay; Cady decidió ignorar por el momento lo que Lee le había hecho; ya la mataría el Lunes.

Ambos salieron al patio de la escuela y se detuvieron.

-¿Dónde vives?

Cady se congeló, ¿cómo responderle?. No podía decirle que ella era huérfana y que vivía en el orfanato de la ciudad. Seguramente el sentiría lastima o simplemente la menospreciaría, y eso era lo que  Cady  menos deseaba.

-Este… creo… creo q-que -empezó a tartamudear y a ponerse muy nerviosa ante esa situación- creo que es mejor que vuelva sola a casa –soltó casi en suspiro.

-Pero ¿Por qué?

Su mirada era de decepción y frustración, pero también tenía cierta sorpresa en su cara, como si no creyera lo que estaba pasando.

-Tal vez mi mamá se moleste si llego contigo ¿Sabes?, no creo que quiera que me acompañe algún chico y ya debe estar esperándome fuera –mintió, sintiendo que se ahogaba por un momento al decir la palabra “mamá”.

-De acuerdo.-Dio un sonoro suspiro, pero él levanto la mirada, se acercó a ella y le dio un tierno beso en sus labios, aunque este fue más breve que los anteriores, tenía el mismo sabor.
*    *    *
 Cady se lanzó a su cama, recordando  todo lo sucedido durante esa mágica noche.
Se siguió preguntando quien era aquel chico, pero se rindió y el cansancio gano terreno hasta que quedó profundamente dormida…….y empezó a soñar…

Estaba acostada en el suelo, todo  su alrededor era oscuro, y había niebla por todas partes. Ella se levantó y sintió como si sus pies estuvieran sobre agua. Ella pestañeo, y al abrir los ojos nuevamente, se dio cuenta de que  todo a su alrededor se había convertido en bosque o un prado otoñal, pero aun así había niebla. Todo era hermoso, parecido a uno de aquellos paisajes que solo se lograban recrear por medio de persianas o paredes ajustables, pero que antes habían existido realmente, como ese.
De la nada se escucharon pisadas firmes crujiendo sobre hojas secas, acercándose. Miro en todas direcciones buscando el origen del sonido.

En unos segundos la silueta de un chico fue apareciendo entre las hojas de tonos anaranjados. Él se plantó a unos cuantos metros frente a ella, y lo contempló con cuidado. Era castaño y alto, tenía unos ojos grises muy familiares, pero no podía recordar a quién le  pertenecían, sus ojos encajaban perfectamente con su rostro el cual era firme y delgado, no mucho pero le quedaba bien, sus pómulos era angulosos y su nariz era delgada y cuadrada. Traía puesto una gabardina negra que le llegaba a las rodillas y un cinturón blanco.

-¿Hola? ¿Quién eres? ¿Dónde estoy?-preguntó un poco tímida.

El chico no respondió.

-¡Dime Algo! -Ya estaba enfurecida,aunque ella esperaba que el chico no responder. Sin embargo, lo hizo.

-Ya viene –su voz era grave sin llegar a ser ronca y esta estaba carente de cualquier sentimiento.- Esta cada vez más cerca.

-¿Quién? –Cady estaba aturdida, no entendía lo que estaba pasando.

-“El Fénix Azul”.

De la nada, un viento fuerte comenzó a soplar contra la cara de Cady y gran cantidad de hojas envolvió al chico, instándolo a desaparecer

En cuanto al viento dejo de soplar, se encendió una chispa de fuego azul –justo donde antes se encontraba el chico- y comenzó a crecer, tomando poco a poco la forma de un Fénix Azul. En ese momento la nuca de Cady empezó a arder.

El Fénix la miraba fijamente, con sus ojos de un color plateado y Cady se vio reflejada en ellos. De la parte de atrás de su cuello - justo donde le había estado ardiendo- se despedía un brillante resplandor azul, como el color del Fénix que tenía en frente, Pero lo más extraño eran sus ojos. Ojos que ya no eran verdes. Eran violetas.

De repente el fénix extendió sus alas en todo su esplendor, alzó vuelo y dio varias vueltas en el aire elevándose más y más, hasta que finalmente, se detuvo, y cambiando de posición,  fue en picada directo hacía Cady.

Cayó sobre ella, o, mejor dicho, entró en ella, haciendo que todo su cuerpo encajara a la perfección con el cuerpo de Cady.

 Ella, por alguna extraña razón, no tenía miedo, se dejó envolver por él, pero la fuerza del fénix provocó que estuviera a punto de caer, e hizo un gran esfuerzo por mantenerse en pie. Sintió la extraña necesidad de tocarse la nuca, donde se encontraba su marca de nacimiento, pero al levantar su mano para tocarla, se dio cuenta de que ahora todo su cuerpo estaba, literalmente, envuelto en llamas azules. Poco a poco empezó a sentirse mareada, y busco apoyo en los árboles que habían estado a su alrededor, pero lo único que encontró fue niebla, tan densa que no le permitía ver más allá. Al no encontrar apoyo alguno, se dejó caer, y en cuanto tocó el suelo se sumió en la oscuridad.

*   *    *

 El fin de semana había pasado con normalidad. Hizo un intento por limpiar su habitación y recibió dinero del desconocido de siempre. No vio a Lee el fin de semana porque ambas tenían gran cantidad de tareas, además de que su mamá había tardado más de lo esperado en su viaje de negocios.

Ella había hablado con Lee esta mañana, le había regañado por  haberla  nominado en el baile, pero Arlett solo le restó importancia al asunto y se dirigió a su salón. A  Cady le tocaba matemáticas en las primeras dos horas y lamentablemente no se encontraba con Lee o Azay hasta la tercera hora, la hora de su descanso.

Después de llegar a su salón y acomodarse en su lugar, entró el profesor y les dijo:

-Buenos Días chicos, tenemos un nuevo estudiante hoy.

Todos voltearon a ver en dirección a la puerta. En ese momento entró un chico. Cady se quedó en completo shock en cuanto vio al mismo chico de su sueño parado relajadamente frente a ella.

-Chicos, les presento a su nuevo compañero. Lancelot Connor


lunes, 14 de enero de 2013

3) El baile de Halloween



Era hora del baile, y todos estaban en el gimnasio -donde se desarrollaba el baile-  o estaban en el patio disfrutando de la noche. Azay se encontraba frente a la fuente, se le veía preocupado y constantemente veía su reloj.

El alivio se reflejó en su expresión en cuanto vio a Lee, quien iba disfrazada de bruja, pero la preocupación volvió cuando se dio cuenta de que estaba sola.

Pasó de largo junto a él, pero rápidamente la tomo del brazo y la obligó a girarse para que pudiera hablar con él.

-¿Has visto a Cady?- preguntó ya bastante preocupado y acelerado, lo cual era raro de ver en un chico como Azay. Lee le restó importancia y le dedicó una sonrisa juguetona.

-No te preocupes, en un momento llega.

Fue lo único que dijo, no sin antes guiñarle un ojo, para después retomar su camino hacia el salón del baile. Tenía ganas de ver la expresión del chico al ver a su amiga, pero no quería hacer un mal tercio o ser descubierta espiando, así que decidió irse al baile y buscar una pareja para divertirse un rato.

Azay volvió a mirar en dirección a la puerta. Fue entonces cuando vio a una misteriosa chica  entrando. Tardo un par de segundos en darse cuenta de que aquella chica era Cady.

-¡Wow! – él dejó escapar una exclamación de sorpresa sin poderle quitar la mirada de encima. Él sabía perfectamente que Cady era muy bonita, pero nunca antes la había visto como en esos momentos:

Cady usaba un largo vestido de color rojo –en su gran variedad de tonos-, tenía mangas de murciélago en un tono rosado  y sus hombros estaban al descubierto, pero lo que más resaltaba de su disfraz eran las hermosas alas de ángel que sobresalían de su espalda, estas estaban abiertas y la hacía parecer a un verdadero ángel. Y junto con ese vestido estaba su rostro , que,  gracias a Lee, estaba maquillado a la perfección -tenía sombra de color rojo, y, aunque no era exagerada, hacia que sus ojos resaltaran de tal manera que tenían un brillo único, sus mejillas tenían un leve tono rosado, y sus labios eran rosas  y brillantes formando una tímida sonrisa. Su cabello, igualmente peinado a la perfección, estaba recogido de un lado dejando algunos mechones enmarcar su rostro, junto con un pequeño broche rojo que hacia juego.

Ella se sentía incomoda, gracias a que todas las personas en el patio la estaban observando, pero sintió cierta tranquilidad al ver a Azay frente a la fuente. Él era alto, y su cabello brillaba de una manera que lo hacía ver mágico, sus ojos rojos brillaban como joyas, todo gracias a la oscuridad de la noche y al místico resplandor de la luna de otoño. Cady se acercó a él rápidamente, pero se sonrojó al notar la forma en la que la contemplaba, como queriéndola devorar completamente con la mirada.  

-Te ves hermosa -. Dijo Azay con una sonrisa.

-Gracias -. Susurro ella mientras mantenía la mirada baja, para evitar que Azay viera el sonrojo en su rostro. -Y tú ¿De qué vienes disfrazado?

Ella se sentía un poco tonta al preguntar eso, porque desde que había entrado al instituto no había visto el disfraz de Azay y, aunque ahora le estaba prestando atención, no lograba saber que era:

Él iba con una camiseta negra y unos jeans oscuros, pero lo que más resaltaban eran unas redondas orejas que se encontraban en su cabeza, y la cola negra que sobresalía por la parte baja de su espalda.

-Soy un “Alma Salvaje” -. Declaro el de manera que parecía algo de lo más común.

-¿Alma Salvaje? -. Preguntó como si lo que escucho no era correcto. Después de todo no era normal oír sobre un “Alma Salvaje” y mucho menos ver a alguien disfrazado de eso.

-Sí, eso mismo.

El chico rubio dijo eso con seguridad, pero al notar la expresión de Cady decidió dar una leve explicación.

-Las Almas Salvajes eran personas que en el pasado se podían transformar en un animal, ya fuera completamente o solo la mitad.

-¡Oh! -exclamó Cady con asombro.- ¿Y tú eres…?

-Yo soy una pantera-. Interrumpió el  antes de que ella terminara su pregunta.

-¡Es impresionante!

Ella le dedicó una sonrisa, y Azay se la devolvió

-Gracias. Entonces entremos.

El chico rubio le ofreció su brazo; Cady dudó un momento, pero después se decidió y engancho su propio brazo en el de Azay.

-Por supuesto.

Ambos caminaron directo al salón. Por los pasillos había gran cantidad de decoraciones, desde las paredes con imágenes que cambiaban de ambiente a lugares desolados y terroríficos., hasta hologramas de fantasmas, brujas y muertos que parecían caminar junto a ellos

Cuando  llegaron a la entrada del salón empezaron a oír la música y el barullo en el interior. Azay le abrió la puerta, y ella entró seguida por él. Todas las miradas volvieron a fijarse en Cady, gracias a su disfraz. Todos opinaban que ella se veía hermosa, y también diferente –debido a su maquillaje y peinado- por lo que algunas personas ni siquiera la reconocieron.

Azay y Cady se dirigieron a una de las mesas, la cual tenía un mantel negro y en el centro unas flores negras y violetas y, por encima de esta, estaba algo parecido a una estrella violeta brillando.

Azay movió una silla para que ella se sentara  y al sentarse, él se percató de una marca que traía en el cuello.

-¿Qué es eso? ¿Un tatuaje? –preguntó con curiosidad mientras  tomaba  asiento en la silla junto a ella.

-¿Qué? –Ella recordó entonces que, gracias al peinado recogido por parte de Lee, se lograba admirar su marca de nacimiento: Una extraña marca con la silueta de un fénix en pleno vuelo-. ¿Esto? –Señala su nuca -. Es una marca de nacimiento, es algo extraño ¿No lo crees?, ya sabes, por  la forma que tiene.

Azay solo asintió, el seguía mirando al cuello de Cady, pero rápidamente aparto la mirada, para fijarse una vez más en sus ojos.

-¿Quieres que te traiga algo de beber o comer?

-Una soda estaría bien. Gracias.

Azay asintió y se levantó, se movió rápidamente entre la gente hasta llegar  a la mesa llena de comida y dulces.

Cady se puso a observar a su alrededor y vio a su amiga Arlett a unas cuantas mesas saludándola, estaba junto con un chico alto y moreno que Cady no conocía, pero Arlett estaba muy cómoda con él, o al menos eso parecía.

Cady regreso a sus pensamientos. Se sentía  muy afortunada  por haber tenido la oportunidad ir al baile con Azay, por poder disfrutar de su cumpleaños con el chico que le gustaba más que nadie, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por la llegada de Azay con un plato lleno de pastelillos acomodados a manera de pastel con una pequeña vela encendida en la punta.

Cady quedó sorprendida al verlo, no podía articular palabra alguna, principalmente por la sorpresa y la emoción. Quería decir muchas cosas a la vez, tal vez un <<Gracias>> o un <<¡Es hermoso>> o <<Que gran detalle de tu parte>>, pero lo único que salió de su boca fue un <<¿Qué es esto>> con una voz cargada de emoción y alegría.

Azay la miraba fijamente mientras sonreía, y a ella le pareció notar un poco de deseo en sus ojos, pero no supo exactamente por qué.

-Es tu cumpleaños Cady, y quiero que sea el mejor día de tu vida, no lo quiero arruinar, y aún quedan otras sorpresas, así que no te preocupes y comamos un poco.

Cady se levantó de la silla y lo abrazó, mientras le susurraba al oído con una voz dulce y sincera.

-Gracias.

Ella lo decía en serio, pues al ser huérfana, su cumpleaños era como cualquier otro día, sin obsequios, fiestas, sorpresas o abrazos solo felicitaciones por aparte de algunas personas, a veces ni siquiera eso.

Ambos volvieron a sentarse y comieron el improvisado pastel hecho por Azay, mientras mantenían una alegre conversación.

Después de un rato acabaron de comer, y Azay empezó a mirar fijamente a Cady, quién, al percatarse de esto, se sonrojó.

-¿Qué pasa? –logró a penas preguntar, ya que las palabras se atoraban en su garganta, dificultándole el habla.

El ambiente se había sentido muy alegre, por parte de la música, esta era muy movida y te hacía sentir como si estuvieras en otro mundo, pero justo en ese momento la música tuvo una cambio repentino, a un estilo más lento y romántico.

Azay se levantó de su silla, sin dejar de mirarla.

-¿Quieres bailar? –ofreció el, mientras le tendía una mano.

Cady dudó por un instante, después sonrió, le tomó la mano y se levantó. Azay la guio hasta el centro de la pista  y se quedaron ahí parados.

-Es que… -Cady estaba incomoda y avergonzada respecto a lo que estaba a punto de decir –Es que no sé bailar.

-No te preocupes. Yo te enseñare.

Azay ayudó a Cady a tomar la posición correcta. Ella sintió un escalofrió recorrer todo su cuerpo al sentir la mano de Azay en su cintura, pero se logró calmar, y en cuanto a ambos estuvieron listos, comenzaron a bailar. Pronto se extendió un silencio incomodo entre ambos, y Cady sentía aún más nervios al darse cuenta que todas las miradas se fijaban en ellos por tercera vez en la noche. Cady se percató de que se volvía a sonrojar y empezaba a bailar con torpeza, así que decidió comenzar a hablar otra vez, y restarle importancia al asunto.

-A sí que… ¿Te gusta leer? –Cady se sintió estúpida preguntado eso, tenía otros cientos de temas de los cuales preguntar y eso fue lo primero que salió de su boca, pero, para sorpresa de Cady, Azay no parecía extrañado sino emocionado.

-¡Sí!, me encanta la lectura, siempre me ha gustado, llevo más de 7 años buscando libros que sean de mi interés y leyéndolos, son de escritores muy famosos y respetados e incluso, aunque no lo sean. Si son de mi interés los leo… -El continuó hablando, pero Cady ya no le prestaba mucha atención, ella estaba sorprendida por como a una persona le puede emocionar  tanto algo y, después de unos momentos,  comenzó a irritarse  porque su pareja no paraba de hablar.-… pero ¿Por qué preguntas?

-¡Oh! Este…-Cady no le podía decir que por su incomodidad, así que le dijo-… porqué me dio curiosidad, también me gusta leer, así que se me ocurrió preguntarte.

Justo en aquel momento ella se percató de que la canción que bailaban era aún más lenta que la anterior y,  por la falta de atención, ahora se encontraban aún más juntos. Azay le daba vueltas y después la volvía sujetar y bailaban al compás de la música. Pero  después de dar una vuelta, pudo observar que eran los únicos en la pista, y el resto de los estudiantes estaban reunidos alrededor. Observándolos.

A Azay no parecía importarle o incomodarle el ser observado por casi todo el instituto; en cambio,  a Cady le mataban lo nervios, e hizo su mayor esfuerzo por seguir concentrada en el baile. Finalmente terminó la canción, todos comenzaron a aplaudir mientras  ellos se retiraban de la pista,  la cual había cambiado nuevamente de ambiente,  de un elegante  salón a un cementerio.

Una gran multitud los rodeo y los siguió hasta su mesa, donde se volvieron a dispersar.

Azay volteó a ver hacia todos lados, asegurándose de que nadie los viera, luego tomo a Cady de la mano y la dirigió hacia una puerta, la cual se confundía con las paredes ya que tenía la misma temática del cementerio. Él se volvió a asegurar de que nadie los viera, luego abrió la puerta, ambos entraron y cerraron la puerta tras ellos.

Del otro lado había un elevador con apenas espacio suficiente para dos personas. Entraron en el elevador y dentro de éste, había varios botones que te dirigían a diferentes lugares del instituto.  Azay apretó un botón para dirigirse al invernadero del Instituto.

Durante el trayecto, ambos se mantuvieron en silencio. Finalmente llegaron a su destino, y  al abrirse las puertas del elevador,  vieron un hermoso jardín lleno de flores y árboles mientras que arriba de este jardín se encontraba una enorme luna brillante.

Cady salió prácticamente corriendo del elevador para acercarse a la orilla de la azotea, observando por unos momentos la ciudad, que durante la noche estaba rodeada de luces multicolores. Era hermoso. En el orfanato no podía ver gran cosa, porque enfrente de su ventana estaba un enorme edificio, y solo podía ver las luces del amanecer o el atardecer.
 De repente, sintió que Azay la rodeaba con sus brazos por detrás; ella se giró para verlo a la cara y vio sus  enormes ojos rojos penetrantes y posesivos.

De repente él se acercó más a su rostro mientras  tomaba su mejilla con delicadeza y ternura.

Empezaron a acercarse lentamente, sus labios se rosándose levemente, para después acercarse más y fundirse en un beso, el cual Cady le devolvió, aferrándose a él con fuerza.
Después de unos momentos se separaron por falta de aire. Al parecer, ambos habían olvidado que debían de respirar.

Cady inmediatamente  bajo la cabeza con su cara sonrojada y se vio reflejada en  un charco de agua, sus labios hinchados a causa del beso, y, por un momento, creyó ver sus ojos de un violeta brillante. Parpadeo rápidamente, repitiéndose que  solo fue una ilusión, porque sus ojos eran verdes nuevamente. Azay extendió su mano hasta su barbilla y levantó su rostro lentamente. Ambos estaban demasiado cerca, y Cady no podía despegar la mirada de sus labios.

-Te dije que sería el mejor día de tu vida.

Y nuevamente la besó