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viernes, 28 de diciembre de 2012

2) El Disfraz

-¡¿En serio?!


Cady y Lee estaban sentadas en una banca plateada fuera de la escuela, las clases habían pasado con normalidad, aunque para Cady pasaron algo lentas, ya que tenía tantas ganas de hablar con Lee respecto al baile. Tenían planeado ir a la casa de Lee para pasar el rato e ir de compras.
-¡Sí! Es en serio –grito Cady con mucho entusiasmo.


-Pero ¿Cómo paso? –dijo Lee feliz, pero sorprendida y confundida, por lo que le acababa de pasar a su mejor amiga.
-Llegue a mi casillero en la mañana y ahí estaba el buscando algo en su mochila, decidí solo tomar las cosas de mi casillero e irme. Entonces él se acerco a mí y me felicito, me regalo un peluche.


Ella saco la cajita y le mostro el peluche del osito, junto con la pequeña carta, ella tomo la carta y se dio a Lee, esta la leyó.
-¡Oh! ¡Cierto! y tú le dijiste que si obviamente.

-Sí, tu sabes el porqué lo dije.
-Porque te gusta –dijo Lee con una mirada suspicaz y burlona al mismo tiempo.

Ahí fue cuando la cara de de Cady tomo un tono rosado en sus mejillas. En ese momento el transporte llego, muchos alumnos subieron y una vez mas contemplaron toda la ciudad, que a esa hora ya estaba totalmente activa y en movimiento. Después bajaron en la misma estación en la que habían subido en la mañana, de ahí se dirigieron a la casa de Arlett. Ya en el camino ellas comenzaron a hablar de nuevo.
-¿Cómo vas ir vestida? –pregunto Lee muy  interesada en la respuesta, aunque tratando de disimularlo.

-No lo sé, pero para eso te tengo a ti –dijo con una sonrisa sincera y muy feliz.

-Jajaja ¡Pero mira nada más! La chica que no le gustan las compras ahora ira para conseguir un disfraz –se burlo con una clara sonrisa triunfante en su rostro.
-Sí, ahora ¡Cállate!


Llegaron a un enorme edificio plateado, entraron a un elevador de cristal nuevamente, subieron al sexto piso, después salieron a un pasillo de color azul cada puerta tenía a su lado una placa de cristal que decía un número y la dirección. Caminaron hasta la última puerta del pasillo, esta tenía una placa donde decía <<Wolff Flame>>.
Lee saco un tarjeta con su foto y su nombre, ella lo coloco sobre la placa, esta pareció escanearla y ahí fue cuando la puerta se abrió por si sola y ambas entraron.


-¿Le avisaste a tus padres que ibas a venir? –pregunto mientras cerraba la puerta tras ella.
-Si -. Fue lo único que respondió, ella trataba de no parecer triste, odiaba mentirle a Lee, pero no quería que nadie le tuvieran lastima por su situación.

-¡Hola Mamá! Ya regrese y traje a Cady.

-De acuerdo cariño y hola Cady

Entonces una mujer rubia madura, de ojos cafés salió de una habitación esa era la madre de Arlett la señora Irina Flame Ivanov, iba con el cabello recogido y unos jeans azules, además de una blusa verde.
-Hola señora Flame


-Mama estaremos en mi habitación.


Lee estaba jalando a Cady por el brazo en dirección a su habitación, lo que significaba que Lee quería hablar urgentemente con ella.
-De acuerdo cariño, pero ¿No quieren comer algo?


-No mama estamos bien, pero gracias.


Ya en la habitación de Lee, ella cerró la puerta y se sentó en una silla mientras Cady se recostó en la cama de manera que sus piernas colgaran por un costado y ella viera en dirección al techo.
-Ahora, ¿Qué piensas comprar?


Ella dio un suspiro de desesperación –No tengo idea, supongo que un disfraz, unos zapatos y el resto te encargaras tu ¿No?
-Cuenta con eso amiga mía


-Te lo agradezco –dio de nuevo una sonrisa, ella solía sonreír pocas veces con otras personas, pero era normal hacerlo con Arlett, ya que ambas se apreciaban y se conocían muy bien.
-No me lo agradezcas. Bueno, ¿Ya nos vamos?

-Por mi está bien

Ambas se levantaron y abrieron la puerta para ir directo al centro comercial, ahí seguía la madre de Lee.

-Mamá, Cady y yo iremos al centro comercial.
-¿Tienen pensado ir al baile?


-Si mamá, iremos por un lindo disfraz


-De acuerdo ¡Cuídense! y Lee llega antes de las diez de la noche, y si tardas más me llamas.

Ambas chicas asintieron y salieron corriendo por la puerta directamente por la puerta, llegaron al ascensor y una vez más entraron al elevador, ahí fue cuando algo interrumpió el silencio, un ruido que venía del reloj de Cady. Cady vio su muñeca en la cual tenía un reloj negro, esta tenía unas imágenes y una pantalla, presiono la pantalla y contesto con un simple << ¿Hola?>>.
-¿Quién es? –susurro Lee para evitar que la oyeran, del otro lado de la línea, mientras Cady solo tapaba la pantalla.


-Es… ¡Azay! –Su cara tenía mucha sorpresa. -¿Cómo consiguió mi número?
-Jejeje Soy la culpable -. Ella tenía una cara de culpabilidad mezclada con burla y vergüenza.


-Ahora ¡¿Qué hago?!


-¡Contesta!


Cady hizo un ademan en señal de que se callara y se aclaro la garganta.
–Hola Azay, perdón, es que no hay muy buena señal aquí, bueno ¿Qué pasa? -. Ella se calló un instante, y ahí fue cuando su expresión cambio a una de terror y una vez más tapo la pantalla. – ¡Dice que si pasa por mi! ¡¿Qué le digo?!


-Dile que no –susurro, mientras hacía señas con sus brazos indicando que dijera que no. –Dile que lo veras en la fuente del patio de la escuela.
-De acuerdo


Ella destapo la pantalla y respiro lomas hondo que pudo, para poder calmarse.
-Mmmm… ¿Qué tal si nos vemos en la fuente de la escuela?... Okey nos vemos bye.


-¿Dijo que si?


-Claro que sí.
-Perfecto, lo sorprenderás.


Ambas bajaron del ascensor, y caminaron unas cuantas calles hacia el centro comercial, el cual no quedaba muy lejos de la casa de Lee, pero quedaba más cerca del orfanato de Cady.

Llegaron a un gran edificio lleno de adornos de Halloween y de gente disfrazada en la cima del edificio decía <<Centro Unique>>, ellas llegaron a unas escalera eléctricas y subieron hasta una tienda de ropa.
-Bueno, aquí estamos, seguro encontraremos algo.


-Estoy de acuerdo, ¡Vamos!


Tardaron cerca de hora y media en conseguir todo lo que necesitaban para el baile. Luego de las compras ya iban a regresar a arreglarse.

-Deberíamos ir a tu casa, ya que está más cerca que la mía.


Cady estaba en shock, no podía dejar que Lee viera que era huérfana y que descubriera la mentira de su vida.

-No creo que sea buena idea.


-¿Por qué?


-Porque… sabes que no soy muy femenina en eso de arreglarme, no tengo algo para el cabello o cosas para arreglarme como tú.


-Muy bien. Vamos a mi casa

Cady se calmo, y en parte esa era una verdad a medias, en el orfanato no tenía muchas cosas, siempre había alguien que le mandaba dinero para mantenerse y no sabía quién lo hacía, y después de algunos intentos fallidos de descubrir quién era, abandono la idea de buscarlo y no le mandaba poco, pero no lo suficiente para comprarse ese tipo de cosas femeninas.


Ellas llegaron a la casa de Lee nuevamente y ahí comenzó la transformación de Cady. Ahí solo tardaron unos cuarenta y cinco minutos en la preparación.
-Me siento incomoda con el maquillaje.


-¡Te ves bien! No te preocupes, te acostumbraras, ahora ¡Vístete!
-Ya voy, pero no me grites.


Ella tomo su ropa, que aún estaba en la bolsa, y entro al baño, después de un rato salió y vio que Lee también ya estaba vestida.
-Me ayudas con esto.


Ella tenía el vestido un poco torcido y levantado, Lee se acerco y lo acomodo con facilidad.

-Ahora que lo pienso, necesitas usar tacones.


-¿Qué? ¿Por qué?

-Recuerda que Azay casi es una cabeza más alto que tu.


-De acuerdo –soltó con desanimo y frustración. –Pero yo no sé caminar con tacones.
-Eso no es problema, así se hace.


Lee, camino con elegancia, por la habitación mostrando la manera correcta de caminar con tacones.
-Lo intentare


Cady trato de hacerlo como le había mostrado Lee, aunque le costaba un poco, ya que sentía que se iba a caer en cualquier momento.

-Perfecto, así está bien. Bueno es hora de irnos.


-¿Iremos en el autobús? –dijo un poco dudosa debido, a que eso se vería raro, si era Halloween después de todo pero unas chicas de dieciséis años disfrazadas en un autobús, no se vería muy bien.


-¡NOOO! Iremos en un transporte pagado, después de todo es lo menor que puedo hacer por tu cumpleaños. Además nos veríamos muy raras.


-Cierto

Ambas bajaron, y ahí estaba un transportador negro, Lee paso su tarjeta por una cerradura en la puerta y ambas entraron al transporte. Ahí platicaron un rato antes de llegar a la escuela y ya a unas pocas calles de la escuela.

-¡Listo! Quítate la capa -. Fue lo dicho por Lee, ya que le había pedido a Cady que trajera esa capa para cubrirse en caso de hacer frio.
-¿No llamare mucho la atención?

-Puede ser, pero es tu cumple, ¡Debes resaltar!
-Perfecto -. Ella tomo la capa y la guardo en su bolso, abrió la puerta del transporte y ambas salieron, justo en frente de la escuela.


-Es hora de sorprenderlos nena –dijo Lee, con una sonrisa y guiño para darle más confianza a Cady. 


miércoles, 19 de diciembre de 2012

1) La Invitación


31-10-3015 Halloween
                                                 
Todo estaba en calma y ahí solo había una leve luz que era a causa de una pecera que estaba llena de medusas y otros peces de distintos colores, también a causa de unos relojes que se encontraban sobre una ventana, la cual se comenzaba a abrir por sí sola, pero toda esa paz fue interrumpida por la entrada de una mujer. Ella era alta y usaba, era una mujer madura pero delgada, su cabello era castaño y estaba recogido en un elegante chongo; estaba usando una falda verde y un saco verde junto a una blusa de botones blanca –algo que no se usaba desde hace muchos años- , traía en su mano una tabla de cristal donde apuntaba diversas cosas, esta tabla brillaba. Aquella mujer era la directora y fundadora del lugar, el orfanato Mirna Hope, esa era una mujer estricta, y, en raras ocasiones, cariñosa.

-¡Arcadia! ¡Despierta ya! ¡Es tarde! -exclamó mientras miraba fijamente al bulto que aún se encontraba sobre la cama.

Arcadia se quitó las sabanas y cobijas que estaban encima de sus cara, abrió los ojos y se apoyó sobre sus codos para poder ver mejor a la directora, que se encontraba frente a su cama.

-Arcadia ¿No ves que ya es tarde? -dijo la directora, impaciente.

Arcadia vio el reloj y noto que ya eran las 7:20

-Lo lamento -masculló con cierto desinterés. No se molestó en mirar a la directora, se levantó y se sentó en el borde de la cama.

- Solo apresúrate o llegaras tarde -dijo mientras daba media vuelta y tomaba la manija de la puerta, pero se detuvo un instante, aún si voltear-. ¡Ah! y por cierto feliz cumpleaños - en cuanto dijo eso salió de la habitación, dejando ahí a la  joven muy sorprendida.

“Cady”, como ella se hacía llamar, se quedó sorprendida ante el gesto de la mujer que acababa de salir por su puerta, pero rápidamente de repuso y se volvió a tender en su cama mirando hacia el techo, pensando.

Ese día era el 31 de Octubre, no solo era el día de Halloween, era también el cumpleaños de Cady. Era su cumpleaños número 16; ahora era definitivo, ya nadie querría adoptarla, y así  tener una familia, nadie adoptaba a una adolescente tan grande como ella, y con eso también se fue la idea de que en algún momento un familiar lejano que no conocía, o no recordaba, viniera por ella y la sacara de ese lugar. Todos esos sueños jamás se volverían realidad, era mejor abandonarlos y continuar.

Se levantó y se encamino al baño, que se encontraba en la misma habitación. Entró y cerro tras de sí la puerta. Un par de minutos después se escuchaba el sonido de una secadora, para después de un momento volver a aparecer en la habitación con el cabello algo alborotado saló de baño y, una vez más, miro el reloj y notó que no se había tardado mucho, apenas eran 7:28, fue hacia su armario y tomo las primeras prendas que encontró. Constaba de una blusa con de rayas azules y grises horizontales, un pantalón blanco y unas zapatillas negras, también en un intento apresurado de sujetar su cabello,  se hizo una coleta, pero aun así dejando algunos mechones un poco rizados  enmarcando su cara, junto con su largo flequillo.

Ahí  estaba ella, frente al espejo, una chica de tez blanca, sin ninguna imperfección sobre su piel, su cabello era quebrado , y este era rojo, ahora lo suficientemente largo para llegar bajos sus hombros; su cara era de rasgos finos. Era una chica muy hermosa, tenía los labios rosados y una nariz fina, pero lo que más sorprendía eran sus ojos, ojos verdes como esmeraldas y con ese mismo brillo que reflejaba ferocidad pero a la vez un poco de tristeza y timidez.

En ese instante volteo nuevamente al reloj, el cual decía 7:35, ella tomo su bolso y lo colgó en su hombro, se fue de ahí dejando su cuarto tirado, el cual limpiaría después, corrió y cerro fuertemente la puerta tras de sí. 

Ella siguió corriendo por el  pasillo, donde  había varias puertas, hasta llegar a lo que parecía un ascensor, este solo tenía una puerta que se desvaneció en cuanto Cady se acercó y entro. Visto desde el interior,  todas las paredes parecían de cristal y se veía a muchas personas en la planta del edificio entrando y saliendo apresuradamente. Ella llego hasta la planta baja del edificio y el ascensor se desvaneció, reapareciendo al instante  en  otro piso.

Ella continuó con su recorrido, ahora a mayor velocidad, paso junto a la puerta de entrada del edificio en el que antes se encontraba , en la cima de este se hallaba una placa donde se podía leer  “Orfanato Mirna Hope”, y,  mientras corría , pasaba de largo algunos  edificios altos y brillantes, junto con carreteras altas y un poco torcidas, donde se encontraban lo que parecían autos en gran cantidad, pero estos no tenían ruedas e iban a mucha mayor velocidad, ella seguía con su recorrido y durante casi todo el camino chocaba con la gente que estaba también en la calle y siempre repitiendo “Lo lamento”, “Lo siento”, “Permiso”.

Después de algunos minutos, se encontró totalmente cansada y jadeante , cuando a unos pocos metros divisó una banca plateada. A llegar a esta se detuvo ,trató de recuperar el aliento y en cuanto lo logró,  se sentó en la banca, para esperar el transporte escolar.

-¡Cady! ¡Por aquí! – ese grito saco a Cady de sus pensamiento e hizo que volteara hacia lugar de donde se había originado el grito. A corta distancia estaba una chica rubia saludándola con la mano alegremente y con mucha energía.

Era “Lee”,  cuyo nombre real era “Arlett”. Ella -una chica rubia, delgada, no muy alta y con unos hermosos y cautivadores ojos azules, rebelde y muy alegre- era la mejor amiga de Cady.

-¡Cady! –gritó la rubia mientras corría y llegaba junto a la pelirroja, que ya se había levantado de la banca.

-¡Lee! Hola –saludo Cady feliz de ver a su gran amiga, ahí fue cuando ella recibió un abrazo inesperado de la rubia, pero ella, en lugar de retirarse, se lo devolvió con mucho cariño y gratitud.

-¡Feliz cumpleaños! – fue lo dicho por Lee con mucha alegría mientras se retiraba de aquel abrazo

-¡Lo recordaste! –dijo casi gritando mucha emoción, tanta que ya casi saltaba de alegría aún tomada de las manos de su querida amiga.

-¿Por qué no lo haría? –pregunto mientras tenia ambas manos en su cintura y con una sonrisa burlona; a lo cual Cady solo reacciono con una sonrisa muy sincera llena de felicidad.

Después de eso las 2 chicas se sentaron en la banca a esperar el transporte escolar. En cuanto este llegó ambas subieron para dirigirse a la escuela.

El autobús era algo parecido a un tren bala, sólo que de un color azul metálico, y a un lado se veía un símbolo o escudo con las iniciales de “I.F.”. Ese autobús (o lo que fuera) se elevó por los aires y llegó a una carretera, rodeado por otros autos que transitaban a gran velocidad.

Pasaron por una alta carretera y desde ahí se veía una hermosa ciudad, llena de edificios altos la mayoría llenos de ventanales de gran tamaño, altas carreteras llena de autos.
 Todo se veía hermoso gracias al sol que apenas estaba saliendo, ya que no era muy tarde.

Llegaron a la escuela. Era un gran edificio, de tan solo 5 pisos, rodeado de árboles. Era de color blanco con gran cantidad de ventanales que se alzaban desde el suelo hasta el techo, encima de la entrada se encontraba otra placa, pero en esta se leía “Instituto Future” y debajo de este decía “Sigue tu Destino”, el cual era el lema del colegio. Ambas chicas se encaminaron al interior de éste. 

El interior era igualmente sorprendente:  se veía como un invernadero, y las ventanas parecían que se configuraban para mostrar paisajes tenebrosos, ya que después de todo era Halloween,  y en las pantallas gigantes -por las que el director normalmente daba sus anuncios-  había anuncios que decían <<Gran Baile De Halloween Esta Noche, Te Esperamos a las 7:00 pm>>.

-¿Vamos a venir al baile? –menciono la rubia con su alegría habitual.

Cady la volteo a ver un poco dudosa –No lo sé ¿Qué podríamos hacer ahí?-.

-No sé… ¿Bailar?

-¡Oh! ¡Claro! Bailaré contigo ¿no? –dijo sarcásticamente.

Lee la miro de manera que se notara que no le daba gracia, pero esa mirada no duro mucho ya que ambas chicas comenzaron a reír con mucha energía.

-Bueno, me voy a mi casillero, nos vemos en el descanso – dijo Lee  mientras se alejaba caminando.

-Sí, yo igual, nos vemos

Ambas chicas se separaron. Cady se dirigió a su casillero, pero ahí - a unos casilleros de distancia, buscando entre sus cosas-  se encontraba Azay.

Azay Evans tenía 17 años, su cabello tenía un color rubio cenizo y sus ojos eran rojos, eran un chico callado, inteligente y muy, muy guapo, o esa era la opinión de Cady y  de la mayoría de las chicas del instituto. Además él era muy popular, y a Cady le gustaba mucho.

Ella se acercó a su casillero y lo abrió tratando de no mirar al chico , metió algunos extraños aparatos –aparentemente sus libros- a su mochila hasta que notó que Azay se estaba acercando a ella, el con las manos tras de su espalda.

-Hola, Cady –dijo el chico con mucha amabilidad, aún con sus manos tras su espalda.

-Hola Azay –respondió ella, tratando de ocultar el nerviosismo en su voz, y fallando en el momento, pero al parecer Azay no lo había notado.

-¡Feliz cumpleaños! –dijo él con bastante emoción,  mientras retiraba las manos de su espalda, revelando una pequeña cajita de regalo y se la entregó.

Ella tomo la cajita, claramente sorprendida por el detalle -¿Cómo lo supiste? -.
El chico esbozo una sonrisa –Arlett me lo dijo.

-Bueno, muchas gracias -. Dijo Cady, consciente sonrojo que se elevaba por sus mejillas, el cual iba en aumento  mientras  abría la caja y veía su contenido, en el interior había un osito de peluche  y también una cartita. Levantó la mirada para mirar a Azay y este sonrió; abrió la carta lentamente y sus ojos se abrieron con sorpresa.

La carta decía  <<¿Quieres ir al baile de Halloween conmigo?>>, no supo que decir, hasta que Azay rompió el silencio –Y… ¿Qué dices? -.
Ella abrió la boca –No lo sé –dijo bastante pensativa y nerviosa.

-Por favor. Sera muy divertido y, además yo quiero ir contigo, no iré con nadie que no seas tú –mencionó. Pero la última parte fue casi un susurro, pero Cady lo escucho a la perfección.

 Después de pensarlo un momento, aceptó-De acuerdo, iré contigo
Después de pensarlo un momento, aceptó-De acuerdo, iré contigo 



lunes, 3 de diciembre de 2012

0) Introducción


31-10-2999 Halloween

Era una noche oscura de octubre, pero entre toda esa oscuridad había un enorme resplandor anaranjado, frente a este se encontraban múltiples personas, algunas de ellas disfrazadas, contemplando esa fascinante aunque peligrosa luz, de ahí irradiaba un enorme calor, era sin duda un incendio en una casa humilde de las orillas de la ciudad; entonces en la lejanía se escuchaban sirenas. Todas las personas voltearon, y divisaron a un camión de bomberos. Todas las personas se alejaron para darle paso. De ahí bajaron múltiples personas, la mayoría hombres de mediana edad, estos traían puestos trajes grises que parecían cómodos: Unos trajes de color gris con una franja amarilla y un casco con lentes azulados y transparentes junto con mascarillas de oxígeno azuladas. 

Algunos empezaron a sacar mangueras y a desenrollarlas, mientras que el resto enraba dentro de aquella casa en llamas para asegurarse de que no había nadie ahí dentro.

Después de algunos minutos, los hombres que habían entrado dijeron entre si
-No hay nadie aquí dentro- Se sentían aliviados, a pesar de que aún debían controlar el fuego.

De repente alguien de entre los bomberos escucho una pequeña señal de vida. Parecía el llanto de un bebe. Con un ademán hizo que sus compañeros se callaran.

-Todavía hay alguien- dijo en tono alarmado en cuanto ya no hubo ruido alguno, solo el sonido que producían las llamas creciendo poco a poco y quemando la casa
Todos voltearon a verlo, desconcertados.


-¿Te sientes bien?- le pregunto un compañero acercándose a él y tomándolo por los hombros.


-¡Estoy perfectamente!¡No necesito su ayuda! Pero estoy totalmente seguro que hay alguien ahí dentro- dijo soltándose del agarre y se alejó corriendo nuevamente hacia el interior de la casa, que ahora estaba casi completamente en ruinas. Esa era una trampa mortal.


-¡¡Espera!!- le gritaron sus compañeros, pero él no les hizo caso y continuo con su camino.

El hombre se fue adentrando poco a poco en la casa, guiado únicamente por los llantos de quien estuviera atrapado dentro. Pronto llegó a una habitación retirada del resto. El llanto, que se había empezado a convertir en quejidos por la falta de aire limpio, se escuchaba cada vez más y más fuerte.

-¿Hay alguien ahí?-pregunto el hombre muy preocupado

Entonces el llanto se empezó a convertir en gritos, al parecer provenientes de un bebé. El hombre cruzó las llamas que envolvían aquella habitación, arriesgando su vida y recibiendo algunas quemaduras. La habitación estaba totalmente destruida, había gran cantidad de cosas ya convertidas en cenizas y una gran viga había caído del techo. Se fue acercando lentamente y pudo divisar a alguien. Rápidamente fue a levantar la viga, lo cual le costó un poco de trabajo ya que era muy pesada, pero finalmente logró retirarla.


-¡Listo!-gritó emocionado.


En cuanto dejo la viga a un lado pudo ver de quién provenía el llanto. Era una hermosa bebé pelirroja, de unos dulces e inocentes ojos color verde. El hombre la recogió del suelo con sumo cuidado. La pequeña solo tenía una pequeña manta amarilla cubierta de cenizas, así que él se quitó la mascarilla que llevaba puesta y se la coloco a la bebé.

-No te preocupes pequeña, ya estas a salvo- le dijo en un tono muy paternal.

La bebé le dedicó una tierna sonrisa y sus bellos ojos centellearon , tornándose de un leve color violeta. El hombre se sorprendió, pero creyó que seguramente era un efecto producido al estar en medio de las llamas. La pequeña trató de tomar su dedo con su minúscula mano, pero al hacer esto la manta se desenvolvió un poco, lo que dejó al descubierto un precioso collar con una joya en forma de corazón negro y el centro rojo. El hombre le dio la vuelta y leyó la pequeña inscripción: Arcadia Hoffman 31-10-2999


-Ya estás a salvo, Arcadia Hoffman- le dijo
, dándose la vuelta, corrió fuera de la casa antes de que esta colapsara sobre ellos.